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Temores

Columna del Padre José Ceschi. Publicada en www.diarionorte.com
http://www.diarionorte.com/noticia.php?numero=37004 
Miércoles, 29 de Julio de 2009 - 04:00
 
¡Buen día! Hay temores y temores. Algunos merecen existir, otros conviene olvidarlos. Dado que lo importante es la salud, uno de los temores más frecuentes tienen que ver con la enfermedad.

Se cuenta que Frank Sinatra fue al médico temiendo que su corazón anduviera mal. El cardiólogo, tras un riguroso examen, le espetó: “Temo que el mal que usted sufre sea incurable”. La hermosa voz de Sinatra se transformó en susurro, cuando, pálido y angustiado, preguntó: “Dígame la verdad, doctor: ¿qué es lo tengo?”. “¡Miedo!”, respondió el galeno.
Los temores infundados agravan los problemas y los hacen incluso más difíciles de afrontar. Al respecto, es muy ilustrativa la experiencia de Henry Morton Gtenley, famoso explorador británico. Le preguntaron si había tenido miedo ante la aterradora selva que había atemorizado a otros exploradores. Su respuesta puede servirnos de modelo: “En realidad, yo no vi toda la selva. Sólo vi una roca delante de mí, sólo vi una serpiente venenosa que tenía que matar si quería dar otro paso. Sólo vi el problema que tenía frente a mis ojos. Si lo hubiese visto todo, habría quedado tan abrumado que no habría podido intentar esa exploración.
Los temores nos abruman más por sentirlos todos juntos que por lo que cada objeto de temor merece. Ellos tienen mucho que ver con la preocupación: esta palabra, descompuesta en sus dos elementos (pre y ocupación), nos está diciendo que preocuparse es ocuparse por adelantado de algo que puede suceder. Lo malo está en vivir esa realidad como si ya estuviera presente, y además provocando miedo. Alguien escribió al respecto: “La preocupación es un círculo de pensamientos ineficaces que giran en torno de un punto de temor”. El hecho de girar alrededor termina provocando el mareo de ver los peligros en dimensiones exageradas. Por eso resulta sabia la advertencia de un maestro, san Francisco de Sales: “Basta recibir los males cuando vengan, sin que hayamos de prevenirlos con un desmesurado temor, afligiéndonos ya por adelantado”.
De todos modos, los temores suelen venir sin llamarlos. Depende de nosotros franquearles o no la puerta de nuestro ser. Y, sobre todo, recordemos que no estamos solos. Si ponemos en Dios nuestra confianza, tratando de vivir como El nos pide, valen para nosotros las palabras de Jesús a Pablo: “No tengas miedo: yo estoy contigo” (Hech 18,9).
¡Hasta mañana!


 

Comentarios (1)add comment

DANIEL MARTINEZ ZAMPA said:

Interesante reflexión
Interesante reflexión para relacionarla con la forma en que los temores influyen también en los conflictos, en la escalada de los mismos y el evitar abordarlos. Debemos dejar de "preocuparnos" para "ocuparnos" de los conflictos, tomando conciencia de los temores que nos asaltan cuando los reconocemos y queremos abordarlos.
 
agosto 02, 2009 | url
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