CUIDAR AL DOCENTE

Nos acercamos a un nuevo 11 y 17 de septiembre, fecha en la que recordamos a nuestros maestros y profesores en su día. Frente a lo que diariamente ocurre en las escuelas, donde son cuestionados, deslegitimados, desautorizados e incluso agredidos, surge la reflexión ¿quién cuida a nuestros docentes? ¿Quién cuida a los que educan a nuestros hijos? ¿Qué hacemos desde las distintas instancias para apoyar su trabajo? ¿Sólo nos acordamos de ellos para el día del maestro y del profesor?

A nadie escapa el alto valor que siempre tuvo la tarea de educar, aunque hoy parece estar desvalorizada. Nuestras aulas son caja de resonancia de todo lo que ocurre fuera de los muros de la escuela. A nuestros docentes hoy se les pide que se “hagan cargo” de todo lo que deberían hacer los diferentes órganos del estado y las familias.

El desgaste que sufre el docente frente al aula se traduce en el aumento de las enfermedades de tipo físicas y sicológicas que se viene dando. Los especialistas dan cuenta del síndrome del “trabajador quemado” cada día más frecuente entre la docencia, que tiene como uno de sus motivos la sensación que produce la realización de esfuerzos que no se ven compensados personalmente.  Esto se traduce en fatiga crónica, problemas de sueño, ausentismo laboral…

Parece que el docente está en permanente falta, y debe recibir las opiniones y críticas de quienes muchas veces no tienen idea de lo que implica hoy estar frente al aula.

Por otra parte surge la necesidad de contar con nuevas herramientas para su labor.  A nadie escapa que los chicos de hoy han cambiado y se requieren nuestras estrategias de las que aún no se puede dar cuenta acabadamente.

El cambio constante es un signo de nuestros tiempos y en la escuela nos encontramos con la paradoja de ser custodio de un saber que hoy se modifica rápidamente.

Frente a esto nuestros jóvenes ven cómo en la práctica el estudio parece “no valer nada” ya que para conseguir un trabajo es más importante tener algún “padrino” que la formación y el esfuerzo realizado.

Desde algunas familias se pide a la escuela que haga lo que ellas no pueden hacer. “Yo ya no sé qué hacer con mi hijo… a ver si u, puede ponerle límites…”, escuché decir a un padre una vez.

Se pide al docente que forme ciudadanos capaces de dialogar, de escuchar, de respetar al otro y diariamente vemos cómo el diálogo en ocasiones es el gran ausente pese a la necesidad de consensos para salir del lugar en que nos encontramos como sociedad.

Como en toda profesión existen buenos y malos docentes, pero es responsabilidad de todos cuidar a los buenos docentes y que los malos docentes den cuenta dentro de los mecanismos previstos por la ley.

Cuidar a nuestros docentes es responsabilidad de todos.

De los propios docentes apoyándose mutuamente en las instituciones y ocupándose de aquello que le es propio de su función.

Del Estado, revalorizando el rol docente, evitando las desautorizaciones y deslegitimaciones, brindando lugares adecuados de trabajo y espacios de contención antes la compleja problemática que como profesionales deben enfrentar.

Por su parte los órganos competentes del estado  deben hacerse cago de la problemática social  que les corresponde para que se establezcan verdaderas redes para contención de las familias y los niños que lo requieren,    Y desde las familias debemos apoyar el trabajo y  ante un caso de duda, hablar con el docente directamente evitando desautorizarlo frente a nuestros hijos, hablar con nuestros hijos acerca de lo que hacen en las escuela, la necesidad de respetar a quien lo educa en la escuela y estimulando que puedan plantear con respeto las dudas y problemas.

Si entendemos que todos, padres, docentes, estado y sociedad toda estamos del mismo lado, tendremos mejores chances de guiar el barco de la educación de nuestros hijos en el sentido correcto.

¡FELICIDADES A LOS DOCENTES QUE NOS ACOMPAÑAN DÍA A DÍA EN LA EDUCACIÓN DE NUESTROS HIJOS!

 

DANIEL MARTINEZ ZAMPA

Abogado-Mediador- Magister en Adm.y Resolución de conflictos.

www.todosobremediacion.com.ar

 

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