Violencia en las aulas: Hay que incorporar detectores de problemas, no de armas

Por Daniel Martínez Zampa. La frase del título le pertence a Julio Werthein. Representante de la UNESCO en Brasil  y encierra una gran verdad. Cuando existe un episodio de violencia en algún establecimiento educativo las autoridades entran en apuro por demostrar “que algo se está haciendo” y recurren  a las más variadas opciones. A la más frecuente de buscar el “chivo expiatorio” y expulsarlo, está la de consultar profesionales, hacer talleres, en algunos países hasta colocar detectores de armas y policías armados en las escuelas. Ninguna de estas acciones ha probado su eficacia real más allá de llevar cierta tranquilidad de que “algo se hizo”.
Pero el tema de la violencia en las aulas es mucho más complejo. Cuando ocurre un  hecho calificado de “violento”, éste generalmente tuvo su historia previa, en un problema que comenzó, fue dando señales y nadie las advirtió hasta que pasó algo calificado como “grave”. En ocasiones actitudes de los adultos ayudaron a reafirmar el círculo.  Una vez que esto ocurre se busca juzgar al mismo con el último tramo de la situación . Es como pretender entender una película viendo los últimos cinco minutos.
Entender lo que pasó no es igual a “justificar” la conducta, pero sí nos sirve para ponerla en contexto y buscar caminos que nos permitan encontrar vías  adecuadas para que la misma  no la repita.
Pero para ello, tal como lo dice Julio Werthein se requiere trabajar en las instituciones educativas con herramientas para detectar y abordar lo problemas a tiempo.
También es necesario comprender que la violencia es un comportamiento inadecuado en orden al logro de un objetivo común buscado por todo individuo: pertenecer, participar, ser valorado y lograr estima personal,  que en ocasiones el castigo, la censura o el propio comportamiento del adulto termina reforzando el círculo de la misma.
Ello implica trabajar  la convivencia y el clima que se vive en las instituciones que están como telón de fondo en el proceso de enseñanza y aprendizaje  y con  la participación de todos los actores incluidos los padres.
Demos tomar conciencia que la convivencia genera conflictos y tensión y que el “grado de salud  de las instituciones no está dado por la ausencia de los conflictos , sino por la forma en que cada institución los afronta y en el mejor de los casos cómo puede darles solución. .Esto es prevención” (Ianni, N, Pérez E. La convivencia en la escuela, un hecho, una construcción. Ed. Paidós)
Muchos podrán decir… Esto es casi imposible… Es difícil y pero no imposible y es fruto de un proceso que puede llevar años de trabajo continuo y con el apoyo constante de las autoridades.
Las urgencias  hacen que, como el camino es largo muchas veces no nos decidamos a dar los primeros pasos. Como dice la frase hasta el camino más largo comienza con el primer paso.
Pero estos pasos deben ser apoyados también desde las autoridades. La provincia del Chaco fue pionera  con legislación más que suficiente en la materia que lamentablemente decisiones políticas la transformaron en letra muerta desde el año 2006 al disolver el equipo coordinador de la ley 4711 de Mediación Escolar, primera ley provincial argentina sobre el tema.
Algunos piensan en la mediación Escolar como una solución. La mediación  y la NEGOCIACION son  sólo  herramientas dentro de un paquete más amplio  que puede ayudar a  afrontar y dar solución a los conflictos.
La mediación educativa NO SE AGOTA EN FORMAR ALUMNOS MEDIADORES, sino que implica un trabajo más profundo con todos los actores institucionales, reflexionando acerca de qué se hace con el conflicto en la institución, qué actitudes predominan, y dar herramientas no sólo de mediación sino también de NEGOCIACION para autogestionar los conflictos y dentro de un proyecto institucional que debe prever claramente los límites de lo “negociable” y lo “no negociable”, los procedimientos de gestión de conflictos entre adultos, alumnos y adultos y alumnos,  la inserción de las instancias de negociación y mediación dentro del acuerdo de convivencia institucional y la legislación.
Esto puede ser un aporte para modificar las condiciones que permiten o facilitan la aparición de episodios de violencia.
Parafraseando al Dr. Claudio García Pintos quien en un Seminario sobre Violencia Escolar realizado en Buenos Aires en 2005, en el  que tuve el honor de participar como disertante,  al reflexionar sobre la violencia en el aula se preguntaba “¿Bastará? Si nosotros docentes hacemos esto, ¿bastará? ¿Será suficiente modificar la mirada sobre la violencia para terminar con la violencia en el aula?” y se responde” Yo no tengo dudas respecto de la respuesta: NO. Pero no importa si bastará o no. No estamos llamados a erradicar la violencia del mundo ni siquiera del aula. Simplemente estaremos asumiendo nuestra responsabilidad como docentes. Sólo estamos llamados a ser docentes, a cumplir esa “labor educativa”.. “que ayuda al hombre a ser cada vez más hombre, lo introduce siempre más profundamente en la verdad, lo orienta hacia una respeto creciente por la vida, la forma en las justas relaciones entre las personas”.
No existen recetas mágicas que vayan a “erradicar” la violencia, sí el camino posible del trabajo diario y sistemático para prevenirla, queda la voluntad de  transitarlo y de apoyarlo como política de estado permanente más allá de los discursos y los funcionarios de turno.

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