Como toda organización, las PYMES FAMILIARES están conformadas por personas que desempeñan un rol determinado dentro de la misma, sean o no familiares, estén o no trabajando dentro ella.

En este tiempo, y desde el mes de marzo, los miembros de las Pymes Familiares en Argentina (y desde antes en otros países), han debido reorganizarse, adaptarse, ajustarse a las nuevas circunstancias, generándose así nuevas dinámicas de comunicación y relación, y porqué no, nuevas tipologías de conflictos.

La convivencia, tanto en la empresa como en el hogar, se ha transformado. En muchos casos, los miembros de las Pymes, como también de otras organizaciones y grupos de trabajo, han debido confinarse a sus hogares, conviviendo con sus familiares 24 hs. al día x 7 días a la semana x 30 días al mes. En otros casos, viviendo solos, y siempre adaptándose al trabajo virtual desde el hogar, y a las circunstancias que le presenta su entorno.

Todos estos necesarios CAMBIOS, a los que la sociedad toda ha debido adaptarse, han generado al mismo tiempo modificaciones en los sistemas de comunicación y relación, generando nuevas situaciones de conflictos, o la escalada de los ya existentes, a los que necesariamente se debe (o debería) aplicar estrategias apropiadas de negociación para lograr que las relaciones humanas sean lo más armónicas posibles.

Es así que, ante una situación percibida como conflictiva, se sugiere poder reflexionar sobre la misma, a fin de evitar su escalada, y, a contrario sensu, promover no solamente la convivencia armónica, sino también la consecuente sustentabilidad del grupo, en este caso, de la Pyme Familiar.

“¿Qué emoción me genera esa situación que percibo como problemática?”

“¿Porqué me genera dicha emoción?”

“¿Qué puedo hacer yo para modificar dicha emoción y sentirme mejor?”

“¿Qué necesito para sentirme mejor y así poder relacionarme también mejor con los demás?”

La forma en que percibimos los conflictos se corresponde a ciertos estímulos tanto internos como externos que nos predisponen a actuar de una manera determinada.
Cuando actuamos nos estamos relacionando con otras personas, ya sea que nos encontremos frente a frente, como cuando nos estemos comunicando por otros medios (teléfono, WhatsApp, FB, Instagram, u otros posibles medios virtuales de comunicación).

Al mismo tiempo, nuestro accionar tiende a ser la respuesta natural a las emociones que sentimos y a los sentimientos que manifestamos.

Esa “percepción” de la situación problemática, pasa por tres instancias: la del PENSAR, luego la del SENTIR, culminando con el ACTUAR.

PENSAR: Nuestro cerebro relaciona automáticamente esa situación con alguna experiencia previa, con algún estímulo tanto interno como externo.

SENTIR (emoción): al mismo tiempo, le damos una significación determinada, que puede ser positiva o negativa, agradable o desagradable, según el momento por el que nos encontremos atravesando, y según cuales fueren dichos estímulos. Aparecen también allí los prejuicios (juicio previo no comprobado de la realidad) que influyen de alguna manera, según cual fuere la emoción que la situación nos genere (pueden ser positivos o negativos). Dicha emoción será placentera cuando esté satisfaciendo alguna(s) de nuestras necesidades básicas, o será displacentera cuando no lo esté haciendo.

ACTUAR: nuestras acciones tienden a corresponderse con las emociones que la situación problemática me generen.
Todo este proceso es instantáneo, y también modificable.

¿Cómo es posible modificar positivamente nuestras acciones, nuestras emociones y nuestros pensamientos?

  • Reconociendo que es posible modificar nuestras acciones, evitando RE-accionar y que el “ego” influya y se transforme en protagonista de nuestra relación y de la negociación por la que estemos atravesando (PENSAR).
  • Luego de ello, analizando nuestras acciones y la de los demás (PENSAR), reconociendo qué nos generan (SENTIR) y porqué actuamos de manera determinada.
  • Modificando nuestras acciones (ACTUAR) -las que consideremos apropiadas- para lograr una mejor convivencia, esto es, mejores relaciones y mejores resultados en nuestras negociaciones.

Es importante reconocer que no son las personas las que determinan nuestras emociones, sino que son sus hechos. Y al mismo tiempo, son nuestros hechos los que generan determinadas emociones en los demás.

Concluimos entonces que en toda relación humana, hay una diversidad de elementos que influyen en la misma: las percepciones, como también los estímulos internos y externos de cada una de las personas que se están relacionando. Y relación es comunicación, sea que lo hagamos a través de una conversación presencial (palabra hablada), o que lo hagamos a través de la palabra escrita, gestos, actitudes.

En todo grupo humano, en toda organización, en toda empresa, en toda Pyme, son las relaciones las que sostienen el sistema. Cuando más armónicas sean dichas relaciones, más estable será el sistema, ergo, se lograrán mejores resultados tanto dentro de la organización, como con su entorno.

Es al momento de tener que negociar las situaciones problemáticas que se vayan presentando en que necesitaremos poder actuar de la manera más apropiada para lograr esa armonía sustentable deseada.

¿Cómo?

Recurriendo e implementando habilidades comunicacionales apropiadas como ser, entre otras:

  • Promover la empatía, que involucra a la escucha activa, al preguntar eficiente, al parafraseo adecuado.
  • Ser asertivos: claros, concisos, no capciosos ni acusatorios, pedir y dar, con sentido colaborativo.
  • Trabajar en equipo (“nosotros”)
  • Legitimar y connotar positivamente a las personas y sus hechos
  • No acusar, sino más bien, concentrarnos en los hechos
  • Eliminar el lenguaje negativo y el absolutista (nunca – jamás – todos – nadie – siempre…)

La base de la convivencia armónica está dada entonces por la mejora de las relaciones.

En las PYMES FAMILIARES dichas relaciones se ven “condimentadas” además por los lazos familiares.

Hoy es tiempo de reflexionar para poder actuar de tal manera que podamos implementar acciones apropiadas tanto en la familia como en la Pyme familiar, y en las demás organizaciones en las que nos involucremos, a fin de lograr el equilibrio necesario que éstas necesitan, para lograr así la sustentabilidad armónica que necesitamos y esperamos en nuestras empresas.



(*) Lilian Edith Vargas. Abogada. Master of Arts in Conflict Resolution.
Especializada en Negociación. Consultora de Empresas de Familia.
Delegada en Chaco del IADEF (Instituto Argentino de la Empresa Familiar).
Presidente y Directora Ejecutiva de FIMe (Fundación Instituto de Mediación.
Socia CAMECH

Nota publicada en :
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