Con frecuencia, cuando las “papas queman”, porque aumentan los conflictos, o no se encuentran formas eficaces de gestionarlos, desde ciertas instancias se comienza a ver a la mediación como una “tabla de salvación” y nace la idea por desconocimiento de que querer hacer pasar todo por la misma.

Es innegable el valor de la mediación como herramienta para la gestión de los conflictos, aunque también tiene sus límites y ciertas situaciones requieren el diseño de estrategias de abordaje diferentes.

En una ocasión, cuando estaba al frente del Programa de Mediación Escolar del Chaco, hubo tres lamentables suicidios de jóvenes que habían egresado de las escuelas. La demanda era que se hiciera “algo”. Desde la superioridad se pidió que vaya el equipo de mediación. Recuerdo que en esa oportunidad se informó que el tema no era para una “mediación”, sino que se requería trabajar en un análisis de la situación para un posterior diseño de una estrategia de abordaje desde los diferentes organismos del estado, que para ello se debía pensar en una intervención que pudiera sostenerse en el tiempo, que no bastaba con una llegada para la “foto”.

Mucha dificultad nos acarreó el plantear al decisor algo diferente a lo que quería escuchar. Finalmente ocurrió como siempre… se juntaron todos los equipos que había de diferentes temas, todos en una combi…, se llegó al pueblo, se sacó la foto necesaria y el equipo nunca más regresó. Se había logrado el fin de mostrar que “algo se hacía” por los medios.

Esto me lleva a pensar cómo en ocasiones la mediación se puede transformar en el “tacho de basura” del sistema, entendiendo esto como acudir a la misma cuando no se sabe qué hacer frente a los conflictos.

Todo ello, si bien puede verse como algo positivo en cuanto implica hablar y acordarse de la mediación puede acarrear el peligro de pretender aplicarla en todas las oportunidades.

Así como los remedios, son eficaces según la patología, la mediación también, y ello dependerá del análisis de cada caso para su indicación.

Debemos diferenciar entre las instancias de mediación que implican un procedimiento que está dirigido por una persona formada en ella de las actividades de mediación, que nos llevan a pensar cómo las herramientas de la misma se pueden aplicar a situaciones cotidianas, combinadas con otras de la “caja” de estrategias para gestionarlas.

También es necesario reconocer cuál es la responsabilidad de cada instancia en la escalada de ciertos conflictos, cuando estos se producen por falta de respuestas, falta de coordinación entre las diferentes instancias, mensajes contradictorios, problemas internos entre diferentes áreas, etc.

Bienvenida la revalorización de la mediación, pero no tenemos que olvidarnos que es sólo una herramienta más para la gestión de los conflictos, entenderla de otra manera implicará pensar que es el “tacho de basura” o el producto mágico que sirve para todo.

Y esto en el mediano plazo generará más daños que beneficios a la misma.

¿Qué opinan colegas?

DANIEL MARTINEZ ZAMPA
MAG. EN ADMINISTACIÓN Y RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS.

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